viernes, 5 de mayo de 2017

La Barragana


“Lo que sabré yo decir —dijo el cabrero—, es que habrá al pie de seis meses, poco más a menos, que llegó a una majada de pastores que estará como tres leguas deste lugar, un mancebo de gentil talle y apostura”
Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha.

1 de Mayo de 2017

Antigua leyenda es esa que cuenta como habitando un clérigo en tierras del valle de Arbás tuvo el mismo muyer amiga, amante además de concubina o como quisiera llamarlo el lector, una barragana. Ésta lo abandonó, echándole el siervo de Dios una maldición que la convirtiera en una peña, de la cual toma nombre tan legendaria cumbre que parece proteger la villa sobre la que se levanta, Cubillas de Arbás.


Más allá de la leyenda, cierto es que quizás fuera la primera montaña que conocí ya muchos años ha en León, sin haberme nunca dignado a pasear por su cima aun habiendo mostrado aprecio por la misma, quizás por haber sido antepuestas otras a la misma por el hecho de que siempre teníala al alcance.



Se trata de una de esas cumbres que, aun siendo atrayente por su esbelta cima desde Cubillas, siempre acabé dejando para mañana, total… era la tenía al alcance de la mano.



Este día, se trataba de uno de esos días no siendo invierno, tampoco verano, con la fina capa de nieve que el temporal había dejado dos días antes, sin gran compañía que proponga alternativas con las que complacer al acompañante, un día sin grandes metas, el día ideal para cerrar tal episodio abierto tantos años hace.

En día claro, uno no debe tener duda alguna sobre el camino a seguir, siendo evidente y marcado el mismo, lo cual facilita la tranquilidad en el día donde aun no huyendo de la compañía y conversación de pastores y caminante, uno marcha por esas soledades y despoblados buscando aventuras, con ánimo deliberado de ofrecer esfuerzo a lo que la suerte depare, eso si, con la pretensión de gozar tan magnánimo valle.

Sale el caminante de Cubillas, despedido por la iglesia que al recuesto de aquel valle, en la salida del pueblo hacía su guardiana la barragana, pareciendo desearle buen camino y fortuna en el mismo. ¿Cuántos caminantes, pastores y demás habrá visto salir esa campana “fecit en León en 1683”?



Ya despedido de Cubillas, en dirección a la Collada Ferreras, uno no pierde la referencia de la “Cabaña del Pastor”, en calmada ascensión, sin pausa, a la sombra de las paredes norte de la Barragana y del Reguerón.







Con ansiada expectación por conocer la cresta final se va alcanzando el collado que separa el objetivo del día de Peña Negra. La duda surge de forma inmediata … ¿probamos también Peña Negra? Esta decisión la dejaremos hasta el final.



De esta forma, sin pérdida posible, totalmente jitado, uno va recorriendo la espectacular cresta, sin poder evitar asomarse al camino seguido momentos antes, esta vez desde la altura que proporciona el esfuerzo realizado. No se puede evitar, de vez en cuando, echar una mirada a la espalda, tratando de escudriñar por donde ascender Peña Negra … el gusanillo ya estaba dentro.


Pronto uno alcanza a ver el buzón de cumbre, ya lo tenemos al alcance. Disfrutar de estos momentos, alcanzar la cumbre, alguna foto conmemorativa … y, ya que estamos allí, no nos podemos bajar sin finalizar la cresta y admirar lo que la Barragana contempla desde su posición: el valle de Arbás con Cubillas a sus pies. Esplendoroso paisaje.




Pasamos los momentos de autocomplacencia, a uno solo le queda una opción: el retorno. Es en estos momentos, cuando se evalúa si tantear Peña Negra, o disfrutar de media hora tumbado en la media a media cresta, con el collado a los pies, y esta segunda Peña como escenario que observar durante la reposición de fuerzas.



El estado del día, las condiciones del mismo, la compañía del acompañante imaginario, nos lleva a la conclusión que hoy no es el mejor día. Guardaremos Peña Negra (y la Peña del Prado que esconde detrás) para otro de estos días en los uno “no sabe que hacer”. Hicimos una, ganamos dos.





De esta manera, uno hace el esfuerzo de volverse a enderezar para afrontar el relajado descenso, ahora por la cara Sur, para volver allá de donde partimos y a donde nos esperan, despidiéndonos al estilo Carmar … “Salud y Montaña”.



Trasgu’2017.

miércoles, 29 de marzo de 2017

El Falso Corredor Luna.

"¡oh resucitador insigne de la ya puesta en olvido andante caballería, oh no jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, ánimo de los desmayados, arrimo de los que van a caer, brazo de los caídos, báculo y consuelo de todos los desdichados!"
Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha.

19 de marzo de 2017.

Se lo decía a Perico: “Hay veces que a uno se le olvida lo que le gusta la montaña”. Y es cierto… aunque siempre tratamos de mantener ese espíritu positivo que nos lleva a disfrutar de ella estemos donde estemos, de vez en cuando uno necesita uno de esos días grandes, donde la montaña te lo da todo y de nuevo recuerdas lo que puede llegar a ser.

Este será uno de esos días.


Como en otras muchas ocasiones, pronto estamos dando vueltas por la zona, pronto estamos de nuevo de Ubiña, al amanecer ya estamos mirando sus laderas y canales para ver qué podemos hacer.

Si bien, el corredor “Elixir de la Suerte” lo traía marcado Perico como primera actividad a realizar, yo no albergaba muchas esperanzas para ello, era demasiado tarde, mucho calor y poca nieve para tan magno paso.

En estos casos de emergencia siempre nos quedarán Las Colorados … y con esto me pasa lo mismo que con la montaña: hay veces que se me olvida que están ahí. También se lo dije a Perico: “Que no se nos olvide pa otros años!! ¡Que siempre están aquí!! Que tienen mucho por hacer”.




Distancia recorrida: 14,11 Km.
Ascensión acumulada: 885 m.




De esta forma, pronto estamos en Torre de Babia … prestos y dispuestos, por cierto que gusto eso de llegar al pueblo y aparcar tu solo donde te salga del cimbel, y perdón por la expresión, ¿qué pensarían estos del pueblo en su eterna tranquilidad si vieran lo que yo sufrí no hace mucho? Pensarían que la gente se ha vuelto loca… y como decía… razones no les faltan.



Volvamos a lo de hoy… con nuestra gran soledad, apergueñados con todo tipo de aperos, con la mayor ilusión y esperanza del mundo, emprendemos ese camino que podemos empezar a considerar uno de los clásicos, de Torre de Babia a la Charca de los Verdes, un ratico de cháchara, recordando antiguas aventuras y desventuras, que de todo hubo, pero siempre quedándonos con los buenos recuerdos.



Ya llegando a ese pequeño circo, bonito donde los haya, comprobamos que el día está salvado, solo queda aprovecharlo decentemente. Perico como siempre, viene bien documentado: tira de bibliografía y empezamos a tratar de identificar corredores. Uno por aquí, otro por allí, este ya lo hicimos, aquel lo hice yo,… al final hay uno que nos gusta, y ese haremos. Parecía que era uno de los del libro, pero el propio autor del libro posteriormente nos quitaría la razón, era otro, no contemplado en el libro.



El corredor, toda la mañana a la sombra, nos da una calidad de nieve excepcional para las fechas en las que nos movemos. Esa que te permite disfrutar del corredor sin que el mismo se convierta en un suplicio.





Ya con los pinchos en los pinreles, emprendemos subida. Alternando, por eso de las fotos, vamos ganando metros. Hacía mucho que no disfrutaba de esta manera, cual “gocho en un charco”, clavando piolo y apretando crampones, a la sombra, disfrutando de cada tramo, bonito corredor.



Por tramos, conforme vamos subiendo la nieve va endureciendo, algo esperado. Solo la ceja que puedo observar en la salida desde la mitad del corredor me inquieta en cierta medida. Mientras seguimos subiendo, Perico es un grande, lo da todo, también disfruta tramo a tramo.






Ya alcanzando la ceja, con un tramo final cuanto menos exigente, no cabe la menor duda que esta se convierte en el paso clave del día, el “Escalón Hillary” de nuestra montaña para hoy. Por la izquierda, donde parece menos pronunciado Perico lo salva. Con buen criterio, ya arriba, decide descolgar una cuerda con la que yo, de segundo, terminaré el corredor. Mala salida tenía.




Solo nos quedaba hacer cumbre, en mixto para no quitar los pinchos, para, una vez allí, degustar esos momentos de los grandes días que quedarán para la posteridad.





Solo nos quedaba bajar de allí, canalón abajo, a los pies del Montihuero, donde cada vez que uno pasa no puede evitar echar la mirada arriba, buscando lo que ya hizo y pensando que podrá hacer.




Camino de retorno, adulación egocéntrica por lo bien que lo habíamos hecho, y retorno a casa… ¡¡¡a por el cachopo!!!!


 ¡¡¡Que no se nos olvide!!!

Trasgu’2017.