Estamos en
Trevelez, bonito pueblo de las Alpujarras que nos hemos topado entre nubes.
Bromeando en torno a un plato de chotillo,
la alerta por precipitación y viento de que disfruta Granada es ya una anécdota
más, sobre todo si pensamos que el viaje a Granada fue, en un principio, un
intento de escaparnos de la ciclogénesis explosiva que regaría la península
este fin de semana, excepto el sur-este.
El plan era casi
perfecto: llenar los coches con las botas, las bicis, un montón de ilusión, un
botillo gigantesco y un motón de actividades planificadas que solo son posibles
si juntamos buenos amigos dispuestos a poner a prueba nuestros estómagos y a
conocer algunos de los tesoros que esconde la zona. Pero en este momento no
parece que esté de Dios. Desde que esta mañana viésemos la nube amarilla que el
radar de AEMET mostraba cruzando el estrecho y disparaba la alerta no había parado de llover o nevar.
Como un buen presagio, volviendo sobre nuestros pasos por la carretera apareció de la nada un maravilloso paisaje y arriba, donde antes había nubes, el pueblo de Capileira, que no habíamos visto esta mañana.
Como un buen presagio, volviendo sobre nuestros pasos por la carretera apareció de la nada un maravilloso paisaje y arriba, donde antes había nubes, el pueblo de Capileira, que no habíamos visto esta mañana.
De regreso a la
Güejar Sierra se unen nuestros deseos para que el siguiente día sea distinto.
Bastaría con que no fuera de lluvias torrenciales. Llegando al pueblo vemos que
algo cambia, el día abre un poco y podemos admirar la belleza del paisaje en el
que se encuentra, defendido por una serpenteante carretera. Es un valle lineal
rodeado de verticales barrancos que tallan contrafuertes que lo mantienen en
pie, con el embalse a nuestra derecha y arriba el blanco Mulhacen se yergue
altivo tras las intentas nevadas.
La casa rural que
alquilamos se podría definir como “difícil”. Por las noches, en el silencio, cuando
alguien osaba levantarse de la cama a oscuras a lo que fuera, era común escuchar
un “upssss!, un “joder!”, o alguna interjección, que sucedía a un previo y
sonoro “clonk”, característico del tañir de la cabeza con los quicios de las
puertas de hobbit de esa nuestra rústica casa. Según el dueño, todo un
logro perseguido, y alcanzado, el de ambientar en un pueblo a 1087m de altura,
una casa rústica con dos radiadores (funcionaban un ratito después de cenar),
mosqueras por armario y sillas de cuerda por mobiliario. Los únicos lujos
permitidos fueron un rollo de papel higiénico (solo teníamos derecho al primero
en los cinco días y cuatro personas que éramos) y una caja de cerillas (solo
una para encender la cocina y la chimenea de leña a pagar).
Siendo yo el más
perjudicado, y sintiendo mis compañeros la necesidad de hacer algo para
salvarme, optaron por ubicar en la casa objetos colgantes que me ayudaran a ver
los límites de nuestro nuevo ecosistema enano. En la puerta de la habitación colgaban cuerdas, hilos y una hoja de papel de aluminio.
Con todo, las horas transcurren en agradable conversación delante del fuego hipnotizador de la chimenea.
Unos coscorrones más tarde, amanece un día soleado que con el paso de las horas dejar ver alguna nube. Ese cambio de tiempo nos levanta el ánimo, y con ilusión hacemos bocadillos y desayunamos animadamente. Logramos salir de casa temprano, a las 11h.
La ruta en datos
- Distancia: 23km
- Desnivel: 700m
- Agua: hay cursos de agua y en el punto más alejado está el río Geníl. No hay fuentes.
- Puntos de vivac: existen dos rocas que nos pueden dar cobijo. Una pasada la segunda zona de minas y otra en la última. En esa zona, al otro lado del río y arriba en el monte se puede ver un chozo.
- Dificultad: ninguna
- Fotos: GaleríaMessenertegui y en el enlace a wikiloc.
La ruta
La ruta que nos hemos propuesto es la Vereda de la Estrella, que se adentra en el valle del río Genil siguiendo un sedero trazado por los mineros que explotaban las riquezas de la zona hasta la década de los 50, una de cuyas instalaciones le ha dado su nombre a la senda, la Mina de la Estrella.
La ruta que nos hemos propuesto es la Vereda de la Estrella, que se adentra en el valle del río Genil siguiendo un sedero trazado por los mineros que explotaban las riquezas de la zona hasta la década de los 50, una de cuyas instalaciones le ha dado su nombre a la senda, la Mina de la Estrella.
Saliendo en coche
de Güejar Sierra tomaremos la carreterita que se adentra en el valle y nos
dirige a la zona de la Estación de Maitena, de donde parte la vía verde. Esta, también
apta para coches, es el trazado del antiguo tranvía que se adentraba en el
valle. Así, salvo en zonas de cruce, solo hay sitio para un coche, no siendo
recomendable orillarse mucho para no caer al lecho del río. Túneles y puentes
dan un sabor especial a esta zona. Si no queremos hacer este tramo en coche, a
nuestra derecha (orog. Izq del río) transita ya la Vereda de la Estrella.
Dejaremos el coche
al final de la vía verde, en el restaurante San Juan, en el barranco del mismo
nombre, o en un área unos metros antes, junto al río. Desde las inmediaciones
del restaurante veremos un puente sobre el río, que hemos de cruzar y marca el
inicio de nuestra ruta.
Esta se trata de
un sendero que, en contante subida y sin ninguna dificultad, nos permite
alcanzar las fuentes del mencionado río (que son los ríos Guarón, Valdeinfierno
y Valdecasillas, y que antes de ser el Genil reciben el nombre de Real), mientras
recorremos cómodamente sus miles de curvas y visitamos las abandonadas y
ruinosas instalaciones mineras. El Genil siempre estará a nuestros pies varios
metros más abajo, algunas veces casi debajo de nosotros.
En sus 12km de entrada (otros tantos de salida) se salvan los 700m de desnivel con la despreocupación que da un paisaje rico en colores y formas, agradablemente enmarcado al fondo por las cumbres de la Alcazaba y del Mulhacen, y sobrecogedor en su verticalidad con barrancos que se precipitan al serpenteante cauce. La vuelta no se hace menos entretenida, ya que el paisaje cambia de perspectiva y nos da otro valle distinto, otras formas y detalles que en lugar de convertir esta vereda en un camino de ida y vuelta más parecen 24km de viaje solo de ida.

En lo más hondo
del valle nos encontraremos con cabras que, bien en rebaño bien en pareja, no
tendrán pudor en acercarse a ver que les cae, gracias a lo cual veremos sus
evoluciones por los montes circundantes.
Los más
ilusionados podrán buscar la Cueva Secreta.
En fin, todo un
regalo para los sentidos que continuaría, ya en casa, con el reto de la jornada: cenarnos el botillo.
Buscasombras 2012
Buscasombras 2012
Otras fuentes para la ruta alternativa de regreso por la Vereda de los Presidiarios:
Otras descripciones (no todas salen y terminan del mismo sitio):
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