Estoy realmente
cansado. Tengo que encontrar la vía de descenso antes de que anochezca. El gran collado está nevado y
no hay todavía huellas que me dirijan al único corredor que me permite descender
sin cuerda. Menudo día para hacer de montañero avezado.
Es una ventisca que
solo deja ver los pies, cuando los perdigones de hielo me dejan abrir los ojos.
De pronto me encuentro un gran hito que me llega a la
cintura.
¿Es real la alegría de encontrar un hito?.
¿Cuántos caminos
pasan por un solitario hito?
Esto me lleva a criticar también la enorme proliferación de hitos. En lugar de pocos, muy marcados y cercanos, nos encontramos con un "jardín de hitos" que hace que podamos inventar una dirección a nuestro antojo. Una en cada una de las direcciones imaginables, perdiendo su función de guiarnos mientras ganan la de agrandar la vanidad montañera.
Buscasombras 2012
